Manifiesto feminista contra la violencia de género.

Lee, Maribel Medina, directora de Almoradiel Lee.

Autor, David Llorente, escritor. 

 

La mujer no muere por violencia machista. La mujer no muere a manos de su pareja. A la mujer la matan. Es un asesinato y hay un asesino.

¿De verdad somos escritores o lectores? Pues a ver si llamamos a las cosas por su nombre.

El asesinato de las mujeres es el final del camino, y, sobre todo, el camino ha sido largo y ha estado empedrado de otros muchos tipos de violencia machista.

Un manifiesto en contra de la violencia de género debe hablar de la violencia psicológica, de la violencia sexual, de la violencia económica, de la violencia patriarcal, de la violencia simbólica, de la violencia doméstica, de la violencia institucional, de la violencia laboral y de la violencia mediática.

¿Y la violencia física?

La violencia física es lo último, donde confluyen todas las anteriores.

Debería hablar de proceso de anulación de la mujer, de ese tren de largo recorrido que la llevará por las destartaladas estaciones, los túneles de la soledad, del aislamiento, del silencio, de la incomprensión, de la desinformación. El manifiesto tenía que haber dicho que, en muchas ocasiones, la mujer ni siquiera sabe que está siendo maltratada, de manera que acaba siendo asesinada sin haberle ni siquiera dado tiempo a pedir ayuda para salvarse.

Un manifiesto en contra de la violencia de género no debe pedir más vigilancia policial ni más protección para la mujer. Un manifiesto en contra de la violencia machista debe ir al origen del problema, a la Historia, a las raíces del mal, al maltrato a la mujer, de la misoginia. Un manifiesto no debe tener un tono de duelo, sino de declaración de guerra. Y hablar de la educación. De la marginación de las carreras de humanidades. De la supresión de la asignatura Educación Para la Ciudadanía, donde se enseñaba al adolescente a no ser violento, donde se animaba a la mujer a empoderarse.

Eso es lo que se espera de un manifiesto. Un grito de guerra.