Mónica Cillán

Los viajes nunca saben a derrota. Puedes imaginar qué te depararán, qué verás, sentirás, sufrirás. Puedes hacer viajes imaginarios al fondo de ti mismo, a cualquier rincón remoto, al infinito de sus ojos.  Puedes perderte en el camino y encontrarte al borde del abismo. Puedes conseguir unir los puntos de tu mapa dibujando un para siempre, o doblar el mismo mapa fulminando la distancia. Por poder, puedes hasta lanzar la brújula y seguir su vuelo, caiga donde caiga.

Pero cuando viajas a La Mancha vives lo que parecía imaginado, un complejo crucigrama, una luz en el cielo, la luciérnaga del niño. Arrastra la voz su voz, el entusiasmo enajenado de mujeres color burdeos.

He vivido un viaje que creí imaginario, sí, en el que soñaba con gente leyendo, con gente de zapatos sencillos que llevaban, de un lado para otro, cerebros de lujo. En el que niños gamberros se giran la gorra pidiendo un libro. Uno en que las horas no existan y se nos enfriaba el cocido. Uno donde dormir fuera quimera.

Un viaje que une al que lo hace, al que lo ve, al que lo regala, al que lo escucha. Da igual: al que lo observa, al que pregunta, al que se marcha, al que regresa, a quien nunca tiene tiempo y a quien lo encuentra.

Sé que no regresaré

porque da igual la época cuando todos somos extraterrestres,

que las canciones en inglés nacen en Chamberí

y que una vida dura no siempre da el equilibrio.

No regresaré porque aprendí que tu arma es para defenderse

y que el camino de un héroe no tiene retorno.

 

Y vuelve a dar igual.

Quién quiere regresar de un lugar donde un gimnasio es el mundo, donde una persona hace camino, donde el interés es regalar y regalarse.

Quién quiere regresar de donde vuelve a encontrarse con lo que le hace hervir la tripa, con lo que creyó que no existía, con lo que soñó que sucediera.

Yo no, yo me quedo en su retina, buceando por sus calles llanas, por las cruces de sus piedras, por las canas de quien me habla.

Y yo, que no quiero regresar de este viaje, no supe qué pensar cuando alrededor de una mesa desatamos la lengua, el alma, el corazón, sacamos de dentro lo más recóndito de nuestro ser y quisimos culpar al vino.

 

Mónica Cillán.

Comunicación en medios sociales

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