Lidia Pérez

Alumna del IES Aldonza Lorenzo.

Que leer y escribir es una delicia no es algo que desconociera, pero esta edición de Almoradiel Lee sin duda ha sido esa inyección de motivación que algunos más que otros necesitábamos.

Es mundialmente conocida la definición de adolescente como un ser muy distinto al resto de humanos, lleno de hormonas, inconformista y con ganas de ir en contra de todo. Y el mundo se encarga de decirnos que estudiemos para ese futuro que nosotros vemos tan lejano, que maduremos de una vez, que aprendamos a controlar nuestros impulsos, que nos contengamos.

Y sin embargo llegáis vosotros, amantes de los libros y escritores, os enfrentáis a cientos de alumnos y conseguís que no dejen de miraros nuestros ojos llenos de sueños y que interioricemos cada palabra. Nos animáis a no contenernos, a sacar todo eso que llevamos dentro, a gritarlo en forma de algo tan esencial como una buena historia. Eso que nadie nos había dicho nunca, pero que todos anhelábamos oír. Que el arte no es de los que tienen talento, que el arte es de los que sueñan y exponen su mundo interior al resto palabra a palabra.

Y no puedo terminar esto sin mencionar a Carlos Bassas, que ha sido un profesor como nunca hemos tenido. Quizá lo que él nos ha enseñado no nos ayude a aprobar ningún examen, pero, ¿cuántos libros de texto van a explicarnos cómo canalizar nuestros desastres interiores creando arte?

Almoradiel Lee ha sido cultura y ha sido magia, no podíamos haberlo disfrutado más.

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