DELFINES, DE ALBERTO VÁZQUEZ-FIGUEROA

Nada había bajo el mar, o sobre su superficie, que pudiese considerarse en todo momento absolutamente inofensivo

Delfines-Vázquez-Figueroa

Un cúmulo de casualidades sucedió con Delfines: recuerdo que fue el libro de Vázquez-Figueroa que más llamó mi atención de todos los que había en la biblioteca; recuerdo que esa misma tarde, en un café cercano a casa, una gran pantalla al fondo mostraba la vida marina del Atlántico Oriental, donde al cabo de un rato aparecieron delfines; recuerdo que cerré los ojos y me sumergí en el libro.

El prólogo que inicia la edición de Círculo de Lectores tiene doble filo. En él, reconoce Vázquez-Figueroa que este libro «se malogró por el camino, o por lo menos, no llegó todo lo lejos que cabía esperar de los materiales de que dispuse desde un primer momento», y eso, como lectores, nos desentierra la duda legendaria («¿Acerté?»); más aún, puede condicionar el ánimo durante la lectura. Por otra parte, es un placer descubrir una autocrítica pública al trabajo literario, tan hermético, y empatizamos con el autor en su condición atávica de contador de historias, y cuando seguimos leyendo y nos encontramos con esto

como antiguo submarinista que ha escrito mucho acerca del mar, me consta que en este libro he conseguido algunas de mis mejores páginas sobre un mundo tan distinto al nuestro


no podemos sino lanzarnos de cabeza a una historia ciertamente dispersa en su primera parte, pero que por la extraña razón de que las personas necesitamos la aventura, continuamos, para así llegar a un desenlace clásico, donde cada pieza aparentemente inconexa encaja donde debe.


Es Delfines una novela de diversas construcciones: es un juego de apariencias, en tanto que lo que parece ser resulta ser con ciertos cambios (el caso del inspector Adrián Fonseca, por ejemplo) o lo que parece imposible se vuelve improbable (nuestra prejuiciosa visión de los delfines); es también una casa de espejos perfectamente colocados unos frente a otros, creando la sensación de universalidad (tierra y mar, Baleares y cualquier otro lugar del mundo, amor y muerte, hombre y naturaleza, etcétera); y, por encima de todo, esta novela debe considerarse una crítica al mundo de ayer, que es de donde venimos y donde aún vivimos, porque ninguna tecnología ni ningún cambio social ha desequilibrado las fuerzas que nos rodean y corrompen. Escrita hace veintinueve años, señala claramente algunos problemas actuales: el cambio climático, la contaminación del mar y la extinción de especies, la sociedad hiperconsumista, los negocios que mueven el mundo, los esquemas inamovibles que se imponen a las relaciones humanas. En definitiva, una historia amena, un canto a los cetáceos como metáfora de nuestra relación con el planeta, una novela digna de llevar bajo el brazo en Almoradiel Lee.

VÁZQUEZ-FIGUEROA, ALBERTO. DELFINES. Barcelona. Círculo de Lectores. 1992.

Alfonso Larrea

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