El mundo tiene que saber que en La Mancha se lee, por Víctor del Árbol.

Víctor del Árbol ha publicado en su perfil de Facebook unas palabras sobre lo que ha vivido en Almoradiel Lee. Las transcribimos literalmente para que nadie se las pierda. ¡Gracias, Víctor!

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No suelo dormir bien después de una presentación, una conferencia o un encuentro con lectores. Las imágenes y las palabras vienen a mi cabeza, pienso y analizo, me pregunto cómo puedo comunicarme mejor, repaso anécdotas... Anoche, después de cenar con los organizadores del festival de #AlmoradielLee me fui a mi habitación en una preciosa casa rural que acoge a los autores. Sobre la mesita unos libros, la maleta sin abrir y los obsequios del ayuntamiento. En mi cabeza, la impresión muy viva de ver a cientos y cientos de lectores atentos a mis palabras, la fluidez de Maribel Medina moderando la conversación para llevarla a espacios amables donde lo literario y lo personal se entremezclan. 

Las noches en La Mancha son frías aunque sigue sin llover, las madrugadas solitarias en esta calle desierta a la que se asoma mi ventana. Enciendo un cigarrillo y trato de calmar las impresiones, saborearlas. Y de repente, sobre los tejados veo un enorme gato blanco que me observa con insolencia felina. Nos quedamos ahí un buen rato, examinándonos. Cuando se cansa, el gato se desplaza y veo que no es blanco, era la luna la que le prestaba su sudario. Todavía tardaré en dormirme. 

El mundo tiene que saber que en La Mancha se lee, que la gente paga autocares (hasta 21) para venir desde todos los pueblos con el único afán de escuchar a un escritor o a una escritora, sí, escuchar atentamente y luego hacer esa clase de preguntas que desarman a cualquiera y que estimulan la inteligencia y hacen gozar porque suenan a mucha verdad. El mundo tiene que saber que hay concejalas de Cultura que no entienden de siglas políticas y sí de lectura, de llevar el mundo de la literatura a los institutos, a los jóvenes y a los no jóvenes, concejalas capaces de darlo todo porque cree en esa riqueza de la mente y del alma. Y porque quieren a su pueblo y a su gente. Existe también un alcalde que no quiere fotos ni discursos, que espera pacientemente más de una hora en la cola para que le firme un libro, como cualquier otro ciudadano, y que no se me presenta como tal hasta que alguien me cuenta quién es. Y verle ese brillo de felicidad en los ojos. Qué grandes cosas se pueden hacer cuando uno es servidor público. 

En Almoradiel hay bibliotecarias como Pilar que mueven cielo y tierra para que los libros lleguen a los lectores de cualquier clase y condición, profesoras de instituto que hablan con sus alumnos de libertad, clubs de lectura que ya querrían muchas ciudades.

Y un grupo de visionarias, mujeres valientes, como Maribel Medina y su hermana Laura, como nuestra Laura poeta y nuestra Mónica interactiva que hacen posible esta fiesta.

Y desde luego mis amigos y colegas, Rosa, Lorenzo, Toti, Ramón, Carlos, David que van allá donde alguien les dice "quiero leer"

Me voy a casa con la imagen de ese gato y la luna. Me voy contento de ser escritor y haber estado en La Puebla de Almoradiel. Por muchos años.

Víctor del Árbol

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